Vista panoramica Trujillo (Ciudad Real). Autor www.caballano.com

 

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LA CONVERSACIÓN

No hay misterios en una feliz conversación de negocios. Es muy importante prestar una atención exclusiva a la persona que habla. No hay nada más halagador.

Sí aspira al desprecio de las personas que le rodea jamás escuche mientras hablen los demás. Hable incesantemente de sí mismo. Si se le ocurre una idea cuando su interlocutor está hablando, no lo deje terminar: interrúmpalo, córtelo a mitad de frase. Hay muchas personas que lo hacen. Son personas aburridas, están embriagadas por su propio yo, ebrias por la idea de su propia importancia. Las personas que sólo hablan de sí mismas, sólo piensan en sí mismas. Y las personas que sólo piensan en sí mismas carecen de toda educación. No tiene educación por muy instruida que sea.

Para ser interesante hay que interesarse por los demás. Pregunte cosas que su interlocutor se complacerá en responder. Aliéntelo en hablar de si mismo y de sus experiencias. El mejor modo de llegar a las personas es hablar de lo que más valoran.

De manera que si aspira usted a ser un buen conversador, sea un oyente atento. Para ser interesante, hay que interesarse. Pregunte cosas que su interlocutor se complacerá en responder. Aliéntelo ha hablar de sí mismo y de sus experiencias. Recuerde que la persona con quien habla está cien veces más interesada en sí misma y en sus necesidades y sus problemas que en usted y en los suyos.

Casi todas las personas con la que se encuentre se sentirán superior a usted. Para conseguir su aprecio debemos, de forma sutil, reconocer su importancia, y hacerlo sinceramente.

Casi todos nosotros, cuando tratamos de atraer a los demás a nuestro modo de pensar, hablemos demasiado. Dejemos que hable la otra persona. Ella sabe más que nosotros acerca de sus negocios y sus problemas. Hagámosle preguntas. Permitámosle que nos explique unas cuantas cosas.

Si estamos en desacuerdo con ella, podemos sentirnos tentados a interrumpirla. Pero no lo hagamos. Es peligroso. No nos prestará atención mientras tenga todavía una cantidad de ideas propias que reclaman expresión. Escuchemos con paciencia y con ecuanimidad. Seamos sinceros. Alentémosla a expresar del todo sus ideas.

Deberíamos tener presente la magia que hay en un nombre, y comprender que es algo propio exclusivamente de esa persona, y de nadie más. El nombre individualiza a la persona, la hace sentirse única entre todas las demás. La información que damos, o la pregunta que hacemos, toma una importancia especial cuando le agregamos el nombre de nuestro interlocutor. El nombre obrará milagros cuando tratemos con la gente.

El mejor camino para llegar al corazón de una persona es hablarle de lo que él o ella más valora. Hablar en términos de los intereses de la otra persona es beneficioso para las dos partes. De ésta manera no sólo recibiremos una recompensa diferente de cada persona, sino que, en general, cada conversación nos enriquecerá nuestra vida y nos abrirá nuevos cauces.