
|
Gestión Empresarial Relaciones Humanas LA DISCUSIÓN ¿Por qué demostrar a un hombre que se equivoca? ¿Conseguimos así agradarle? ¿Por qué no dejarle que salve su dignidad? No te pidió tu opinión. No le hacía falta. ¿Por qué discutir con él? . La única forma de salir ganando de una discusión es evitándola. Las discusiones debemos comenzarlas: "Sentémonos y conversemos y, si estamos en desacuerdo, comprendamos por qué estamos en desacuerdo, y precisamente en qué lo estamos”, llegaremos a advertir que al fin y al cabo no nos hallamos tan lejos uno de otro, que los puntos en que diferimos son pocos y los puntos en que convenimos son muchos, y que si tenemos la paciencia y la franqueza y el deseo necesario para ponernos de acuerdo, a ello llegaremos. Cuando hable con alguien, no empiece discutiendo las cosas en que hay divergencia entre los dos. Empiece destacando, insistentemente, las cosas en que están de acuerdo. Siga acentuando que los dos tienden al mismo fin y que la única diferencia es de método y no de propósito. Haga que la otra persona diga “Sí”, desde el principio. Evite, si es posible, que diga “No”. Cuando una persona ha dicho No, todo el orgullo hay en su personalidad exige que sea consecuente consigo misma. Tal vez comprenda más tarde que ese No fue un error; pero de todos modos tiene que tener en cuenta su precioso orgullo. Una vez dicha una cosa tiene que atenerse a ella. Por lo tanto, es de primordial importancia que lancemos a una persona en la dirección positiva. Un interlocutor hábil obtiene desde el principio una serie de Sí como respuesta. Con ello ha puesto en movimiento en la dirección positiva, los procesos psicológicos de quienes lo escuchan. Recuerde que la otra persona puede estar equivocada por completo. Pero ella no lo cree. No la censure. Cualquier tonto puede hacerlo. Trate de comprenderla. Sólo las personas sagaces, tolerantes, excepcionales, tratan de proceder así. Hay una razón por la cual la otra persona piensa y actúa como lo hace. Descubra esa razón oculta y tendrá la llave de sus acciones, quizá de su personalidad. Trate honradamente de ponerse en el lugar de la otra persona. Si usted dice: "¿Qué pensaría, cómo reaccionaría yo si estuviera en su lugar?", habrá ahorrado mucho tiempo e irritación, pues "al interesarnos en las causas es menos probable que nos disgusten los efectos". Y, además, habrá aumentando usted considerablemente su habilidad para tratar con la gente. Ver las cosas según el punto de vista ajeno puede suavizar la tensión cuando los problemas personales se vuelven abrumadores. Puede continuar pruebe con: "Yo no lo culpo en absoluto por sentirse como se siente. Si yo estuviera en su lugar, no hay duda que me sentiría igual que usted". Una frase como esta ablandará a la persona más pendenciera del mundo. Algunas reglas que tener en cuenta ante un posible desencuentro:
|